El turismo en tiempos de crisis económica.
Hablar de turismo en el contexto económico actual implica mucho más que analizar niveles de ocupación, cantidad de visitantes o gasto turístico.
Implica preguntarnos quiénes pueden viajar, quiénes deben resignarlo y qué sucede cuando el acceso al descanso, al ocio, al encuentro y al disfrute del territorio queda condicionado exclusivamente por la capacidad económica.
El turismo es, al mismo tiempo, una actividad económica estratégica y un derecho social reconocido por la legislación argentina (la Ley Nacional de Turismo 25.997 declara al turismo de interés nacional como actividad socioeconómica estratégica y esencial para el desarrollo del país, y establece entre sus principios rectores la facilitación, el desarrollo social, económico y cultural, y la sustentabilidad) . Ambas dimensiones no deberían enfrentarse: deberían complementarse.
Cuando la mirada se fija sobre el turismo solamente como actividad económica, la persona aparece principalmente como consumidor. Cuando incorporamos la perspectiva del turismo como derecho, aparece una mirada y pregunta diferente: ¿qué condiciones hacen posible que ese derecho pueda ser ejercido por diferentes sectores de la sociedad?
La crisis económica pone visible esta tensión. La disminución del poder adquisitivo reduce la posibilidad de viajar, pero también impacta sobre los destinos: menos viajeros significan menos movimiento para alojamientos, gastronomía, transporte, comercio, recreación y trabajadores vinculados directa e indirectamente con la actividad.
Por eso, el acceso al turismo no es solamente una cuestión individual. También tiene una dimensión territorial, social y económica.
Reflexionar sobre el turismo como derecho no significa desconocer al mercado ni trasladar necesariamente al Estado la función de financiar las vacaciones. Significa reconocer que las políticas públicas pueden contribuir a reducir las barreras de acceso, promover el turismo social, fortalecer el turismo interno, facilitar la movilidad, generar condiciones de accesibilidad económica y articular al sector público y privado para que viajar dentro del propio país siga siendo una posibilidad.
Quizás el verdadero desafío sea dejar de preguntarnos únicamente cuánto puede gastar el turista y comenzar a preguntarnos también qué podemos hacer para que más personas puedan ejercer su derecho a disfrutar, descansar, conocer y encontrarse con otros territorios.
Porque cuando el turismo deja de ser una posibilidad para una parte de la sociedad, no estamos solamente frente a una crisis de la actividad turística.
Estamos frente al desafío de repensar el derecho al turismo.
